Si vamos por décadas, la cosa ha ido más o menos así:
Cuando empezábamos a decir adiós a la niñez y hola al acné, allá por los '80, creímos o nos hicieron creer, que con el dinero recaudado en espectaculares macroconciertos, se podía acabar con el hambre en el mundo y con el SIDA.
Poquitos años después, en los '90, ya íbamos a la Universidad o empezábamos a trabajar y se nos ocurrió que pasar las noches acampando en la Diagonal era una manera no sabíamos si convincente pero divertida y con posibilidades de ligoteo seguro que sí, de presionar a nuestros gobernantes para que destinasen el 0,7% de la riqueza de nuestros países al desarrollo de los del tercer mundo (si he de confesar alguna de las "particularidades" de las que os hablaba antes, he de decir que yo, me lo miraba desde la ventana de mi casa. Así me iba el tema del ligoteo jejejeje).
Un poco más maduritos, en la siguiente década, salimos en masa a la calle para decir a los que entonces estaban en el poder que les estábamos muy agradecidos por haber suprimido la mili pero que ni en coña íbamos a permitir que con nuestros impuestos se financiase un ejército destinado a invadir Irak. (Por cierto, se me ocurre una pregunta. Si en esas fechas todavía hubiese existido un ejercito regular -extraño calificativo- es decir, formado por nosotros y no mayoritariamente por immigrantes para los cuales alistarse era la única manera de regularizar sus papeles o ganarse un salario, ¿habría el PP decidido igualmente enviarnos a Irak? Uhmmm, lo dudo, lo dudo: demasiados votos perdidos...).
Y ahora... ahora, como en la canción de Brel, ahora ya no protestamos.
Ya sea por escepticismo, por falta de tiempo, porque la crisis ha cambiado las prioridades o porque la edad ya afecta a nuestras cuerdas vocales, ahora hemos sustituído la protesta por la crítica y el mal humor.
Eso sí, lo criticamos todo, o casi todo. Cada vez que encendemos la TV y miramos "el parte", nos escandalizamos desde el primer minuto hasta el último. Hasta el "oasis" de los minutos de información deportiva se han echado a perder desde que han decidido que cada arqueo de cejas o exabrupto de Mourinho es noticia.
Pero protestar, lo que se dice protestar...poquito.
Exagerando un poco -pero es que si no, no voy a poder enlazar con el verdadero motivo de este Japimondei- yo diría que sólo protestamos con firmeza ante el pobre empleado de nuestro banco o caja para conseguir que nos dé un cerocomanosécuantomás por nuestros pocos ahorrillos o no nos cobre no sé qué comisión...
Y aquí es donde empieza a tomar forma la paradoja: algo tendrá que hacer ese banco o esa caja para que nos calmemos y estemos contentos con los rendimientos que nos ofrecen por nuestros dineritos,¿no?
Imagino que con plantarlos en una maceta y regarlos, no habrá suficiente o sea que tendrán que hacer algo con ellos.
La cuestión es definir ese "algo" ( a no ser que queramos continuar sin saber, claro). Y una vez definido, decidir si estamos de acuerdo con ello o no. No vaya a ser que nos encontremos con la desagradable sorpresa de que ese "algo" que se está alimentando con nuestro dinero, sea alguna de esas cosas contra las que antes nos rebelábamos y hoy criticamos y nos escandalizamos por lo bajini cuando las vemos en los telediarios...
Lo sé, lo sé... Soy de prosa un poco confusa y enrevesada pero si os he despertado la curiosidad, creo que vale la pena que empleéis un ratito más en leer este link donde gente con más conocimientos económicos que yo explica mucho mejor todas estas paradojas. Es un poco largo pero creo que los argumentos están bien expuestos y sobre todo en la segunda mitad, invita de verdad a la reflexión.
Eso sí, antes, un par de advertencias:
a/ Si lo leéis, ¡ojito!, una vez quitada la venda, ya no vale escudarse en el clásico "ah! ¿yo es que no lo sabía!": el conocimiento obliga.
b/ Como se suele decir, la redacción de los Japimondeis, aunque las pueda compartir, no se hace responsable de las opiniones expresadas por el protagonista y aún menos, sobre la solvencia o no de la entidad en la que trabaja. En cualquier caso, una visita a La casa de Les Punxes siempre puede ser interesante.
Y hecho este repaso a estas 4 décadas (viejunos somos...), como premio para los que hayáis aguantado el tostonazo, os dejo el vídeo de la canción de Brel a la que hacía antes referencia: una buena manera de ver como tampoco hay que dramatizar tanto y darnos cuenta de que finalmente, todas las generaciones hemos hecho más o menos lo mismo. Riámonos pues un poco de nosotros mismos gracias a la ironía que desprende la canción: es el mejor ejercicio de higiene mental que podemos practicar ;-)
Lástima que no se vea muy bien porque Monsieur Brel está genial pero es la única versión que he encontrado con subtítulos.