Salut companys!
Hace ya tiempo que os quería enseñar estos dibujitos inspirados en canciones de Leonard Cohen que publicó Pedro Tabernero en El País. No sabía qué "excusa" encontrar para hacerlo pero hoy que Don Fredericus (el único, me parece, capaz de identificar cada dibujo) debe estar aburridito cruzandoo el Atlántico a bordo de un avión he pensado que era una buena ocasión para organizar un jueguecito y así distraerle el vuelo y "picarle" un poquillo.
¿Alguién más acepta el reto?
Vamos allá:
NOMBRE DEL JUEGO:
"Leonard, no me toques los cojonen"
REGLAS:
Sólo una, muy sencilla: acertar el nombre de la canción de Leonard Cohen que corresponde a cada dibujo.
SOLUCIONES:
Si me'n surto, debajo de cada dibujo os pongo un link para que podáis escuchar la canción/respuesta ya sea cantada por el bardo canadiense o por algún admirador suyo que se haya atrevido a versionarla.Por si el dibujo no es suficiente, he intentado poner alguna pista ;-)
PREMIOS:
Uhmmm, no se me ocurre ninguno ;-)
¿PREPARADOS?, ¿LISTOS?
SOM-HI!
Primero, ésta: fácil,¿no? (una pista, mira las banderitas ;-)
Aunque como lo hecho en "casa", pocas cosas hay: "¡vamos que nos vamos!"
Dear Mr. Cohen, what a change, isn'it?
Para acertar la segunda, si no eres daltónico, lo tienes chupado:
Con lo que llovió la semana pasada, me habría ido bien tener uno así:
La tercera, tenía muchas ganas de ponerla. Sobre todo para volver a oír la canción original y luego, la versión cañera: de crack canadiense a crack australiano y tiro porque me toca.
Empecemos con cierta tranquilidad:
Caña australiana,¡me encanta!
And now, your turn Monsieur Cohen:
Como en todo buen juego, conforme se avanza, aumenta la dificultad:
Y encima, no se me ocurre ninguna pista ;-)
Otro dibujito que no acertaba a relacionar por más que me lo miraba.Pero la canción es tan bonita...
Más difícil todavía:
Quien la acierte, un sobresaliente:
Primera vez que la oigo, I must admit:
La última, no es un dibujo pero no quería dejar de poner la canción. Además, había que acabar con una fácil que nos déjase con buen sabor de boca y de oídos, ¿no?
En flamenquito, suena así (¡qué bonito "pillar toda la letra!!)
Si la quieres oír un poco más acountryada, aquí la tienes:
Y si aún no las has reconocido, el maestro la canta así:
No se vayan todavía,¡aún hay más!
¿Qué tal?, ¿muchos aciertos?
Espero que sí porque al final se me ha ocurrido un premio ;-)
Bueno, yo al menos lo considero así y es que es toda una gozada leer el discurso que Don Leonardo hizo el otro día cuando le entregaron el premio Príncipe de Asturias. Un breve relato en el que nos explica los vínculos que le unen a esta parte del mundo. Como en muchos buenos relatos, gran parte de su encanto radica en que no sabes cuanto hay de cierto en él y cuanto de inventado pero aún suponiendo que haya mucho más de lo segundo que de lo primero, ¡da gusto dejarse "enredar" así!
Hago un "copiar y pegar" por si os he despertado la curiosidad y os apetece leerlo. Y para los más adictos, os intento poner o vincular también el vídeo de la lectura. Oír el relato de la voz de su autor y ver como lo "escenifica" con cuatro movimientos detrás del atril: bonic, bonic!!!
Haz click aquí si quieres ver el vídeo (yo lo leería antes)
Es un honor estar aquí esta noche, aunque quizá, como el gran maestro Riccardo Muti, no estoy acostumbrado a estar ante un público sin una orquesta detrás. Haré lo que pueda como solista. Anoche no logré dormir, pasé la noche en vela pensando en qué podía decir hoy aquí. Después de comerme todas las chocolatinas y cacahuetes del minibar garabateé unas pocas palabras pero dudo que haga falta referirse a ellas. Obviamente, estoy muy emocionado por el reconocimiento de la fundación. Pero he venido esta noche a expresar otro tipo de gratitud que espero poder contar en tres o cuatro minutos.
Cuando estaba haciendo el equipaje en Los Ángeles me sentía inquieto porque siempre he tenido cierta ambigüedad sobre la poesía. Viene de un lugar que nadie controla, que nadie conquista. Es decir, si supiera de dónde vienen las canciones las haría con más frecuencia. Es difícil aceptar un premio por una actividad que en realidad no controlo. Haciendo el equipaje para venir, cogí mi guitarra Conde, hecha en España hace 40 años más o menos. La saqué de la caja y parecía hecha de helio, muy ligera. Me la puse en la cara y la olí, está muy bien diseñada, la fragancia de la madera viva. Sabemos que la madera nunca acaba de morir y por eso olía el cedro, tan fresco, como si fuera el primer día, cuando compré la guitarra hace 40 años. Y una voz parecía decirme: "Eres un hombre viejo y no has dado las gracias, no has devuelto tu gratitud a quien la merece: el suelo, la tierra, al pueblo que te ha dado tanto. Porque igual que un hombre no es un DNI, una calificación de deuda tampoco es un país. Ustedes saben de mi fuerte asociación con Federico García Lorca y puedo decir que mientras era joven y adolescente no encontré una voz y solo cuando leí a Lorca, en una traducción, encontré una voz que me dio permiso para descubrir mi propia voz, para ubicar mi yo, un yo que aún no está terminado.
Al hacerme mayor supe que las instrucciones venían con esa voz. ¿Y qué instrucciones eran esas? Nunca lamentar. Y si queremos expresar la derrota que nos ataca a todos tiene que ser en los confines estrictos de la dignidad y de la belleza. Así que ya tenía una voz, pero no tenía el instrumento para expresarla. No tenía una canción. Y ahora voy a contarles brevemente la historia de cómo conseguí mi canción.
Yo era un guitarrista indiferente. Solo me sabía unos cuantos acordes. Me sentaba con mis amigos, bebía y cantaba, pero nunca me vi como un músico o un cantante. Un día, a principios de los años sesenta, estaba de visita en casa de mi madre. Su casa estaba cerca de un parque con una pista de tenis donde íbamos a ver jugar al baloncesto. Era un lugar que conocía de mi infancia. Me paseé por allí y encontré a un joven tocando una guitarra flamenca. Me encantó, estaba rodeado de algunas chicas y me senté a escucharlo, me cautivaba, yo quería tocar así, aunque sabía que nunca lo lograría.
Me acerqué a él y nos entendimos medio en francés medio en inglés y pactamos unas clases en casa de mi madre. Era un joven español. Al día siguiente se presentó. Me dijo: "Déjame escucharte tocar algo". Lo hice y declaró que no tenía ni idea. Él cogió la guitarra, la afinó, me la devolvió y dijo: "No suena mal. Ahora tócala de nuevo". No cambió mucho. La cogió otra vez y me dijo: "Te voy a enseñar unos acordes". Tocó una secuencia rápida de acordes y luego me explicó dónde tenía que poner los dedos y me dijo otra vez: "Ahora toca". Pero fue un desastre.
Al día siguiente, empezamos de nuevo con esos seis acordes. Muchas canciones flamencas se basan en ellos. Al tercer día la cosa mejoró. Aprendí los seis acordes. Al día siguiente el guitarrista no volvió por casa. Dejó de venir. Como yo tenía el número de la pensión donde se alojaba fui a buscarlo para ver que le había pasado. Allí me contaron que aquel español se había suicidado, que se había quitado la vida. Yo no sabía nada de él, de qué parte de España era, por qué estaba en Montreal, por qué estaba en la pista de tenis, por qué se había quitado la vida.
Sentí una enorme tristeza. Nunca antes había contado esto en público. Esos seis acordes, esa pauta de sonido, ha sido la base de todas mis canciones y de toda mi música y quizá ahora puedan comenzar a entender la magnitud del agradecimiento que tengo a este país. Todo lo que han encontrado favorable en mi obra viene de esta historia que les acabo de contar. Toda mi obra está inspirada por esta tierra. Así que gracias por celebrarla porque es suya, solo me han permitido poner mi firma al final de la última página.
Discurso pronunciado por Leonard Cohen en la entrega de los premios Príncipe de Asturias.
