¡Ep! No os olvidéis: el próximo Miércoles… ¡es Sant Jordi! BIENNNNNNNN!
Por mi parte, para que nadie se queje y si esta semana no me olvido ningún adjunto, os envío una Rosa y un Libro. Bueno, por si andáis escasos de tiempo, en vez de un libro, lo dejamos en un Cuento que oí hace ya tiempo en Radio 3 (siempre ella…) y que me pareció divertido. ¡Espero que os guste!
Ya sabéis, esta semana, ¡¡¡todos a repartir mimos para los corazones y para las cabecitas!!!!
AlexmásfotuchosenBCN
PD. Por cierto, la animación de la Rosa, pa’mí que lo hicieron en Altafulla: yo creo que nuestros padres ya deben hablar de la generación de los “Nieto’s Boom”: Mare meva quina feinada se’ls hi vé a sobre!!! ;-)
Ahí va el cuento:¡espero que os guste!
ESTAS PERDIENDO LA CABEZA, VISKOVITZ (de Eres una bestia, Viskovitz. Ed. Lumen)
“¿Cómo era papá? –le pregunté a mi madre.
-Crujiente, un poco salado, rico en fibra.
-Quiero decir antes de comértelo.
-Era un mequetrefe inseguro, angustiado, neurótico, un poco como todos vosotros, los machitos, Visko.
Me sentía más cercano que nunca a aquel genitor al que no había llegado a conocer, que se había descompuesto en el estómago de mamá mientras yo era concebido. De quien no había recibido calor, sino calorías. Gracias papá, pensé. Sé lo que significa para una mantis macho, sacrificarse por la familia.
Me detuve un instante, en grave recogimiento, ante su tumba, es decir, ante mi madre, y entoné un miserere.
-Crujiente, un poco salado, rico en fibra.
-Quiero decir antes de comértelo.
-Era un mequetrefe inseguro, angustiado, neurótico, un poco como todos vosotros, los machitos, Visko.
Me sentía más cercano que nunca a aquel genitor al que no había llegado a conocer, que se había descompuesto en el estómago de mamá mientras yo era concebido. De quien no había recibido calor, sino calorías. Gracias papá, pensé. Sé lo que significa para una mantis macho, sacrificarse por la familia.
Me detuve un instante, en grave recogimiento, ante su tumba, es decir, ante mi madre, y entoné un miserere.
Al poco rato, como pensar en la muerte nunca dejaba de provocarme una erección, consideré llegado el momento de unirme con Ljuba, el insecto al que amaba. La había conocido más o menos un mes antes, en el matrimonio de mi hermana, que por otra parte era también el funeral de mi cuñado, y había quedado prisionero de su cruel belleza. No habíamos dejado de vernos desde entonces. ¿Cómo había sido posible? Dios me había bendecido con el don más apreciado por nosotros, los mantis: la eyaculación precoz, condición indispensable de cualquier historia de amor que aspirase a no ser efímera. La primera semana había perdido sólo un par de patas, las raptatorias, la segunda el prototórax con sus anexos para el vuelo, la tercera…
-¡No lo hagas, Visko,por amor de Dios!-empezaron a gritarme mis amigos Zucotic, Petrovic y López,encaramados en las ramas más altas.
Para ellos la hembra era el demonio, la misoginia una misión. Desde la metamorfosis sufrían algún tipo de desviación o disfunción sexual, habían adoptado los votos del sacerdocio y se pasaban todo el santo día mascando pétalos y recitando salmos. Eran muy religiosos.
Pero no había oración que pudiese detenerme, no ahora que oía el gélido suspiro de mi amada, el sombrío rumor de sus membranas, su fúnebre y burlona sonrisa. Me moví frenéticamente en dirección a aquellos sonidos, con la única pata que me quedaba, apoyándome en mi erección, esforzándome por llegar a visualizar la gloria de sus formas, ahora que ya no podía verlas porque ya no tenía ocelos, ahora que no podía olerlas porque ya no tenía antenas, ahora que ya no podía besarlas porque ya no tenía palpos.
Por ella había perdido ya la cabeza.”
Para ellos la hembra era el demonio, la misoginia una misión. Desde la metamorfosis sufrían algún tipo de desviación o disfunción sexual, habían adoptado los votos del sacerdocio y se pasaban todo el santo día mascando pétalos y recitando salmos. Eran muy religiosos.
Pero no había oración que pudiese detenerme, no ahora que oía el gélido suspiro de mi amada, el sombrío rumor de sus membranas, su fúnebre y burlona sonrisa. Me moví frenéticamente en dirección a aquellos sonidos, con la única pata que me quedaba, apoyándome en mi erección, esforzándome por llegar a visualizar la gloria de sus formas, ahora que ya no podía verlas porque ya no tenía ocelos, ahora que no podía olerlas porque ya no tenía antenas, ahora que ya no podía besarlas porque ya no tenía palpos.
Por ella había perdido ya la cabeza.”
ALESSANDRO BOFA (Tenía que ser biólogo, claro jejejeje)